miércoles, 2 de junio de 2010

No pido mucho.

Cuando uno visita un lugar a los cinco años, probablemente no lo recuerde. Quizá, al volver a ese sitio sepa que ha estado ahí, e incluso en qué momento lo hizo. Pero no lo recuerda sin más, o sí?
Hoy he encontrado el cementerio. Sí, sé que no es algo que se cuenta así como así, pero es que es cierto. Llevaba unos días buscándolo, una pequeña promesa que me hice, pero no lo encontraba. Hoy he estado allí, ni siquiera he entrado, sólo lo he visto.
Lo recordaba, y antes de ir tenía en la cabeza la imagen exacta. No creo que uno olvide un cementerio, ni aunque haya ido a dejar flores a alguien que no conoció.
Según la mayoría de estudios sobre la psique humana, hay un momento exacto en la vida de las personas en las que toman conciencia de sí mismos, del mundo, y por supuesto, de la muerte. Quizá fue en ese momento cuando yo supe que aquello existía.

No intento sufrir, no es algo que me ocurra. Pasa por mi vida como algo que aceptar, y no me importa comenzar a acostumbrarme. Es simple nostalgia, y tristeza por todo lo que ese lugar puede significar para la mayoría de la gente que vive a mi alrededor.
Es lo que hay.

lunes, 24 de mayo de 2010

Aún.

¿Por qué ya no me baila un gusano en la tripa, cuando suena el teléfono y escucho su voz? ¿Por qué no me arreglé para la última cita, y no usé su perfume ni me puse tacón?
¿Por qué ya no es mi tipo? ¿Por qué no es lo de siempre? Será que nuestra vida ya no es diferente, hacemos todo igual que el resto de la gente... Pero me cuesta tanto decirlo a la cara, aguanta un poco más o lo echamos a suertes.

Y yo que siempre había querido una relación como todas las demás... ¿Dónde está mi chispita? ¿Sigo siendo un imán de medio polo? Me niego a creer que el navarro aún tiene secuestradas mis mariposillas... creo que se han escapado y no saben cómo volver conmigo. No tengo la culpa... Pero él tampoco.
Esto no es justo. Ahora que va bien, parece que no tiene sentido. Comienzo a fingir que o tiene, por si lo consigue por inercia. Espero que resulte.

martes, 4 de mayo de 2010

Y seguido.

Tú juegas a quererme, yo juego a que te creas que te quiero. Buscando una coartada, me das una pasión que yo no espero, y no me importa nada.
Tú juegas a engañarme, yo juego a que te creas que te creo. Escucho tus bobadas acerca del amor y del deseo... y no me importa nada, nada, que rías o sueñes, que digas o que hagas... No me importa nada, por mucho que me empeñe, estoy jugando y no me importa nada.
Tú juegas a tenerme, yo juego a que te creas que me tienes. Serena y confiada, invento las palabras que te hieren, y no me importa nada. Nada.


No soy tonta. No soy egoísta por decir que daría mi vida por alguien, si tú no res capaz de ver más allá de tus narices no significa que la humanidad entera cometa ese error. El egoísta eres tú por pensar que mi vida te pertenece.
Que vendas a quien sea por tu bien no significa que yo no sea capaz de venderme por otros. No soy una santa, y ni siquiera soy altruista la mitad de las veces que actúo, pero no me llames mentirosa si digo que no mataría por sobrevivir, sé dónde esta mi precio y queda muy lejos de ahí.
No todo el mundo se vende, y no eres un Dios ni lo serás nunca. Cambia de sueño, chaval, ese te queda grande. Jamás vuelvas a decir que miento, y no vuelvas a llamarme imbécil (y más si lo escribes con n y v, por favor..) Deja de contradecirte, que ni me quieres ni sabes lo que pasa por tu cabeza, que es mucho más simple de lo que crees.

Esto se acaba, la oportunidad se te ha escapado. Y a mí... No me importa.

domingo, 18 de abril de 2010

Soy un completo incompleto

si me giro y no te veo. Eso dijo.

Me levanto, nos vamos. Él viene detrás, me coge de la mano, tira de mi y me besa.
Se ve que ya no nos vamos, me parece bien.

Me siento, se sienta a unos metros. Estás demasiado lejos, me pongo de pie y me quedo a su lado. Sigo las líneas de sus manos hasta que él estrecha las mías. Me mira hasta que no lo soporto más y frunzo el ceño. ¿Por qué me mira? Y me dice que por qué le miro. Bueno, pues si te molesta dejo de mirarte. No pasan un suspiro y niega con fuerza. ¡No! Mírame, me gusta, te siento cerca. Y le miro otra vez. Aquí se está bien.

Me llaman, nos tenemos que ir. Cinco minutos más, por favoooooor... Y tiro de él, pero me dejo llevar. Así no nos podemos ir, si no dejas de besarme. Es que si te pones tan cerca no lo puedo evitar, la culpa es tuya, le digo. Insiste, cinco minutos mááás...
Y abajo quedan diez minutos más, fingiendo un cine y un bol de palomitas. Coge más, dice, están bien de sal? Y sonríe. Las mejores palomitas invisibles que he tomado, sin duda.

¡Mañana te veo!

Y de repente... Se acaba. No debería haber dicho nada a Sara, cuenta. No tendría que haberle dicho nada, si llego a saber que se me pasaría tan rápido no la habría hecho daño.

No es que duela.. Pica un poco, sólo eso. Es que.. se estaba bien.

domingo, 28 de marzo de 2010

Esta noche de angustiosa calma...

He vuelto a soñar con mi casa, pero esta vez no era peligrosa. Era mi casa, sin asesinos, ni atracadores escondidos en ella. No la había decorado yo, y no vivía siempre en ella, pero esa noche sería mía.
Mi casa y mis ventanas, en mi sueño, una vez más. No sé qué sabor me ha dejado esta vez.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Cuando nadie me ve..

Creo que lo mío es sólo comodidad. Que si le echo de menos es porque después de tanto tiempo es cómodo esta con él, y quizá es eso lo que me gusta, la comodidad. La tengo demasiado poco a menudo, y a lo mejor no le quiero, me frustra, es egoísta y presumido, y no quiere saber qué leo. ¡No le parece interesante que me envíen un libro de 20 años que ya no se edita! Ni siquiera pregunta cómo va mi vida, no le importa. Él, él, él, y su absurda manía de pensar que está enamorado de mí.
¡MENTIRA!

Yo al menos soy honesta, y digo que lo dudo. Quizá sí, y soy tonta, pero quizá no. Acepto las dos posibilidades, sé que están.
Necesito más comodidad aún, y sola estoy cómoda. Tengo miedo a acostumbrarme.

A veces me elevo, doy mil volteretas, a veces me encierro tras puertas abiertas. A veces te cuento por que este silencio, y es que a veces soy tuya y a veces del viento. A veces de un hilo, y a veces de un ciento...

domingo, 21 de marzo de 2010

Ya, pues yo no.

Vale, aquí viene una reflexión. ¿Por qué? Porque ir al cine es lo que tiene.
Un hombre se pasa su vida viajando, vive en los aeropuertos, y los días que tiene que pasar en casa, los sufre. ¿Por qué?
Miedo al compromiso, dirán. No, no lo tiene.

Bueno, empezaré desde el principio. Tienes una mochila en la espalda. Intenta imaginarla. Llénala con tus cosas, las fotos, los regalos, las entradas de cine, el sofá, la tele, las llaves... Mételo todo, y ahora intenta moverte. La mochila no te deja.

Ahora bien, ¿necesitas moverte? Yo necesito moverme. No quiero que mi mochila pese, quiero que esté vacía, sea ligera y me permita ser todo lo independiente que quiero.
Volvemos a la reflexión. Mete en tu mochila a toda la gente que conoces, desde los que saludas, hasta aquellos que saben todos tus secretos. Pesa, claro. No te deja moverte. También pesa, pero parece que es mucho más difícil vaciar ahora tu mochila.

¿Sigo necesitando moverme? Quizá simplemente no puedas meter a las personas en tu mochila, y ni siquiera sea un problema. Pero el caso es que lo veo bastante real. Y no quiero que mi mochila deje de pesar en ese caso. No quiero que llegue un momento en el que no pueda ir sola al cine, leer sola, pasear sola, llegar a casa y no saludar a nadie. Me gusta, me gusta eso. Soy independiente, pero no quiero imaginarme sin poder tener a alguien siempre.
¿Cómo se combina? Quiero una mochila multiusos!