Si mañana no recuerdo esta sensación, seré otra persona.
Si un día despierto sin saber que sé cómo son tus ojos, perderán el orden el resto de colores.
Si una catástrofe borra toda esto, no podré averiguar de qué manera no me ha ganado el mundo.
Tengo la certeza de que este sentimiento no se puede repetir. Como montar en avión por primera vez. Como probar la cocacola. Así que necesito una cápsula del tiempo, una caja fuerte, un piso franco, un grabado en piedra... Algo, aunque sea esto. Necesito saber que no habrá ninguna realidad en la que no sepa quién eres y quién soy yo contigo.
Cuando te conocí me mirabas como si pudiera romperme en cualquier momento. Como si fuese el mejor premio en la verbena y llevases comprando papeletas toda vida. Una vez pude bajar del pedestal y mi torpeza demostró que no me rompo fácilmente, pude reírme alto y fuerte.
Recuerdo con claridad el momento en que me di cuenta de que estaba cómoda contigo, de que era yo misma: cuando me reí como yo me río y tú me miraste con tus ojos muy abiertos, pero sonriendo.
Un día de verano en el que el oxígeno pesaba demasiado para mis pulmones, me dijiste vamos. Y fuimos a un paseo de madrugada, yo llevaba plomo en los bolsillos y tú trajiste un polo de horchata.
A veces tengo la sensación de que esa noche nunca se terminó y seguimos caminando sin un lugar al que ir, por estar juntos. Y a veces camino y camino, y no sé si cuando vengas traerás tú el plomo o la horchata. A veces, no sé si vendrás.
Pero el vértigo no entiende de "a veces". El vértigo siempre está ahí, aunque no estemos ni tú ni yo, porque nunca se cumple si no caemos. El vértigo se nutre de vernos de pie y de verme a mí asomada a esa realidad en la que no sé quién eres o quién soy yo contigo.
No sé hacia dónde caminamos ahora, pero espero que sea un camino que nos aleje del precipicio y que el vértigo pase y que en nuestras ventanas luzca el sol cada mañana.
Me escucharás, me buscarás, cuando me pierda y no señale el norte la estrella polar...?
sábado, 28 de octubre de 2017
domingo, 26 de febrero de 2017
Tu continente.
Mi casa está construida de acuerdo a un plano que define el resto de casas de por aquí. Mientras la construían, fue surgiendo la necesidad de adaptar los planes a las circunstancias, al terreno, a los materiales disponibles... Y así, hoy todo parecido entre la casa y el plano original es solo casualidad.
Todo el mundo tiene una opinión sobre mi casa. Los que son arquitectos, y los que no. Los que me han ayudado a construirla, y los que no.
Las opiniones son humanas, no creo que se puedan evitar. Pero las palabras son responsabilidad completa del que las pronuncia. Y yo no recuerdo haber pedido nunca opinión sobre mi casa.
Llevaba seis años en construcción cuando llegó la primera inspección. Esta obra no va bien, me dijeron. Se va a quedar con pocos pisos y la estructura se está torciendo. Así que tuvimos que cambiar los materiales, y probamos muchos distintos pero ninguno conseguía que las paredes se mantuvieran donde debían estar.
Han pasado muchos años y la obra nunca parece estar terminada. Los problemas, las gritas, las inundaciones y las goteras nunca dejan de aparecer. Y a veces pienso que ojalá pudiera mudarme.
Pero esta es mi casa. La que me da cobijo, la que mantiene mi calor.
Y también es mi casa, la que nunca cumple las expectativas, la que está siempre en reconstrucción.
Esta casa no es una. Esta casa son tantas que he perdido la cuenta. La casa en que yo vivo, la casa que ven los demás, la casa que analizan los arquitectos, la casa que derrumbo, la casa que cuido, la casa que me duele y la que me gusta decorar.
Esta casa es un cuerpo, este cuerpo que no es uno. Esta casa es un dilema sin solución y un trabajo interminable. Esta casa tiene vistas al futuro y un plano que redibujar.
Todo el mundo tiene una opinión sobre mi casa. Los que son arquitectos, y los que no. Los que me han ayudado a construirla, y los que no.
Las opiniones son humanas, no creo que se puedan evitar. Pero las palabras son responsabilidad completa del que las pronuncia. Y yo no recuerdo haber pedido nunca opinión sobre mi casa.
Llevaba seis años en construcción cuando llegó la primera inspección. Esta obra no va bien, me dijeron. Se va a quedar con pocos pisos y la estructura se está torciendo. Así que tuvimos que cambiar los materiales, y probamos muchos distintos pero ninguno conseguía que las paredes se mantuvieran donde debían estar.
Han pasado muchos años y la obra nunca parece estar terminada. Los problemas, las gritas, las inundaciones y las goteras nunca dejan de aparecer. Y a veces pienso que ojalá pudiera mudarme.
Pero esta es mi casa. La que me da cobijo, la que mantiene mi calor.
Y también es mi casa, la que nunca cumple las expectativas, la que está siempre en reconstrucción.
Esta casa no es una. Esta casa son tantas que he perdido la cuenta. La casa en que yo vivo, la casa que ven los demás, la casa que analizan los arquitectos, la casa que derrumbo, la casa que cuido, la casa que me duele y la que me gusta decorar.
Esta casa es un cuerpo, este cuerpo que no es uno. Esta casa es un dilema sin solución y un trabajo interminable. Esta casa tiene vistas al futuro y un plano que redibujar.
lunes, 20 de febrero de 2017
Things we lost in the fire
Si ves que mi canción acaso no resulta, avísame y recojo la melancolía.
¿Te acordarás quizá de los chicles que hacían que desapareciera el verano?
Yo, que nunca he soportado la menta, el sabor del polo
atesoro, sobre todo
los chicles en los besos.
Chicles que picaban y me hacían respirar,
y contigo, también olvidar los 37º a la sombra.
Sentía el polo,
se iba el verano,
en el aire que estaba a tu alrededor.
¿Qué recordaré yo?
La cara.
No,
los ojos que me miraron en un vestido largo y el pelo suelto a pesar del calor,
y el silencio,
y los comentarios que no hiciste.
Todos y cada uno de ellos, brillándonos en los ojos.
Recordaré que no había fresas con chocolate,
pero sí libros de historia,
y feria del libro,
deshabitada desde entonces.
Recordaré la tranquilidad,
y las grietas que notaba a tu lado, por donde tu luz se filtraba
y yo no me quedaba
con
nada.
Recordaré que me gustabas y no podía quererte.
Pero sí te quise.
Tú con tu luz y yo sin darte
nada.
Yo, siendo un boceto
siendo mil piezas que nunca formarían el puzle que imaginabas.
Me quedo con ese invierno en julio,
y el camino que nunca me aprendí hasta tu casa.
Lo demás no sé dónde ha ido,
creo que ardió
con las piezas y el puzle y el cartón y el verano.
Y ya no hay pruebas,
ya no recuerdo la cara, ni los ojos
solo las palabras que no dijiste,
las que yo dije de más,
y la curiosidad que ya no siento.
*DISCLAIMER: esto no es un poema. A leer poemas, a otra parte.
Yo, que nunca he soportado la menta, el sabor del polo
atesoro, sobre todo
los chicles en los besos.
Chicles que picaban y me hacían respirar,
y contigo, también olvidar los 37º a la sombra.
Sentía el polo,
se iba el verano,
en el aire que estaba a tu alrededor.
¿Qué recordaré yo?
La cara.
No,
los ojos que me miraron en un vestido largo y el pelo suelto a pesar del calor,
y el silencio,
y los comentarios que no hiciste.
Todos y cada uno de ellos, brillándonos en los ojos.
Recordaré que no había fresas con chocolate,
pero sí libros de historia,
y feria del libro,
deshabitada desde entonces.
Recordaré la tranquilidad,
y las grietas que notaba a tu lado, por donde tu luz se filtraba
y yo no me quedaba
con
nada.
Recordaré que me gustabas y no podía quererte.
Pero sí te quise.
Tú con tu luz y yo sin darte
nada.
Yo, siendo un boceto
siendo mil piezas que nunca formarían el puzle que imaginabas.
Me quedo con ese invierno en julio,
y el camino que nunca me aprendí hasta tu casa.
Lo demás no sé dónde ha ido,
creo que ardió
con las piezas y el puzle y el cartón y el verano.
Y ya no hay pruebas,
ya no recuerdo la cara, ni los ojos
solo las palabras que no dijiste,
las que yo dije de más,
y la curiosidad que ya no siento.
*DISCLAIMER: esto no es un poema. A leer poemas, a otra parte.
viernes, 2 de septiembre de 2016
Deep city lights
Calling out. Somebody save me, I feel like I'm fading away.
Am I gone? I feel like I'm fading... I'm fading.
Am I gone? I feel like I'm fading... I'm fading.
miércoles, 29 de junio de 2016
Latín antiguo
A veces la mente va más deprisa que la vida.
Cuando ser una misma resulta un trabajo de relojero, porque ya no sabes seguro quién es esa. Se ha perdido Unamisma. Unamisma es una adolescente que nadie sabe en qué persona de verdad se va a terminar convirtiendo.
Pero vive dentro de una persona de verdad que no sabe con qué unamisma llenarse.
A veces, la mente trabaja con la energía del Hogwarts Express en hacer y deshacer puzzles filosóficos imposibles, mientras le queda el impulso de un cuarto de tortita de arroz para mantenerse de pie. Y ser.
Cuando nada parece tan difícil como salir a la calle y hacer rutina, ser diaria. Y a la vez, nada resulta tan atractivo como vivir en horizontal, sin tener que emitir un sonido.
Pero ningún sonido es tan estruendoso como el eco de las piezas del puzzle que brinca entre hemisferios y lóbulos.
A veces, la mente va más deprisa que la vida.
Cuando no puedo explicar por qué soy como estoy, y me muevo como lo hago.
Pero no puedo dejar de hacerlo, porque el tiempo en el que la mente dio la orden para que yo fuera en este momento, es un tiempo pasado. Y cuando lo estoy viviendo ya no hay vuelta atrás.
La vida es ahora, pero la mente ya ha sido. La mente que es ahora, no tiene claro cuándo está.
Cuando ser una misma resulta un trabajo de relojero, porque ya no sabes seguro quién es esa. Se ha perdido Unamisma. Unamisma es una adolescente que nadie sabe en qué persona de verdad se va a terminar convirtiendo.
Pero vive dentro de una persona de verdad que no sabe con qué unamisma llenarse.
A veces, la mente trabaja con la energía del Hogwarts Express en hacer y deshacer puzzles filosóficos imposibles, mientras le queda el impulso de un cuarto de tortita de arroz para mantenerse de pie. Y ser.
Cuando nada parece tan difícil como salir a la calle y hacer rutina, ser diaria. Y a la vez, nada resulta tan atractivo como vivir en horizontal, sin tener que emitir un sonido.
Pero ningún sonido es tan estruendoso como el eco de las piezas del puzzle que brinca entre hemisferios y lóbulos.
A veces, la mente va más deprisa que la vida.
Cuando no puedo explicar por qué soy como estoy, y me muevo como lo hago.
Pero no puedo dejar de hacerlo, porque el tiempo en el que la mente dio la orden para que yo fuera en este momento, es un tiempo pasado. Y cuando lo estoy viviendo ya no hay vuelta atrás.
La vida es ahora, pero la mente ya ha sido. La mente que es ahora, no tiene claro cuándo está.
miércoles, 25 de mayo de 2016
How to:
-Ser criticada porque tu ropa es demasiado atrevida
-Ser juzgada porque tu ropa no es lo suficientemente femenina
-Ser insultada por alejarte de la talla mínima de pantalón
-Ser ignorada porque lo que piensas es muy radical y el feminismo es una caca:
Siendo una mujer
How to:
-Ser admirada por ser un ejemplo de "mujer real" con curvas
-Ser aplaudida porque apoyas la igualdad y el feminismo positivo
-Ser alabada por tener tu propio estilo
-Ser envidiada por atreverte a ponerte ropa provocativa:
Siendo famosa.
domingo, 15 de mayo de 2016
En mi yunta sobran bueyes.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Bookmark.
He abierto Historia de dos ciudades por el separa páginas. No recuerdo nada. No recuerdo cuándo fue la última vez que miré a Dickens tampoco.
La carpeta de borradores se ha quedado vacía, también.
Los folios a medias, los cuadernos empezados, las fechas al principio de las páginas.
No queda nada de eso. En el almacén tampoco, nada de ninguna talla. Y en ese color ya no lo fabrican siquiera.
He perdido hasta mi boli de escribir.
Si no tienes tiempo para hacer lo que quieres hacer, ¿por qué es importante lo que tienes que hacer con ese tiempo? ¿Qué responsabilidad es más grande que la de dedicarte tu propio tiempo?
Me voy.
Ya no me sale esto.
martes, 20 de octubre de 2015
Be kind to yourself
Tengo un sonido en la cabeza.
Tengo un ruido en la cabeza.
Hay una bomba en mi cabeza que se pasa el día explotando. Y el tic-tac constante y molesto es solo la mejor parte.
Había una Sara.
Y ahora estoy yo.
Y no me quiero conformar conmigo. Pero de alguna manera, tengo que convivir con esta yo, hasta que vuelva la otra. Y entretanto, intentar ser feliz con todo esto.
Es bastante insoportable, y no me sale.
Pero todos los días escribo en algún sitio eso. Be kind to yourself.
Es como tener un hermano tonto y una madre instigándote cada 15 minutos a que tengas paciencia con él, a que lo quieras.
Pero oye, es que es tonto. Es que no me sale.
Tengo un ruido en la cabeza.
Hay una bomba en mi cabeza que se pasa el día explotando. Y el tic-tac constante y molesto es solo la mejor parte.
Había una Sara.
Y ahora estoy yo.
Y no me quiero conformar conmigo. Pero de alguna manera, tengo que convivir con esta yo, hasta que vuelva la otra. Y entretanto, intentar ser feliz con todo esto.
Es bastante insoportable, y no me sale.
Pero todos los días escribo en algún sitio eso. Be kind to yourself.
Es como tener un hermano tonto y una madre instigándote cada 15 minutos a que tengas paciencia con él, a que lo quieras.
Pero oye, es que es tonto. Es que no me sale.
lunes, 19 de octubre de 2015
Cool Girl
"Men always say that as the defining compliment, don’t
they? She’s a cool girl. Being the Cool Girl means I am a hot, brilliant, funny
woman who adores football, poker, dirty jokes, and burping, who plays video
games, drinks cheap beer, loves threesomes and anal sex, and jams hot dogs and
hamburgers into her mouth like she’s hosting the world’s biggest culinary gang
bang while somehow maintaining a size 2, because Cool Girls are above all hot.
Hot and understanding. Cool Girls never get angry; they only smile in a
chagrined, loving manner and let their men do whatever they want. Go ahead,
shit on me, I don’t mind, I’m the Cool Girl.
Men actually think this girl exists. Maybe they’re fooled
because so many women are willing to pretend to be this girl.
For a long time Cool Girl offended me. I used to see men – friends, coworkers, strangers – giddy over these awful pretender women, and I’d want to sit these men down and calmly say: You are not dating a woman, you are dating a woman who has watched too many movies written by socially awkward men who’d like to believe that this kind of woman exists and might kiss them. I’d want to grab the poor guy by his lapels or messenger bag and say: The bitch doesn’t really love chili dogs that much – no one loves chili dogs that much! And the Cool Girls are even more pathetic: They’re not even pretending to be the woman they want to be, they’re pretending to be the woman a man wants them to be. [...]
I waited patiently - years - for the pendulum to swing the other way, for men to start reading Jane Austen, learn how to knit, pretend to love cosmos, organize scrapbook parties, and make out with each other while we leer. And then we'd say, Yeah, he's a Cool Guy.[..]
For a long time Cool Girl offended me. I used to see men – friends, coworkers, strangers – giddy over these awful pretender women, and I’d want to sit these men down and calmly say: You are not dating a woman, you are dating a woman who has watched too many movies written by socially awkward men who’d like to believe that this kind of woman exists and might kiss them. I’d want to grab the poor guy by his lapels or messenger bag and say: The bitch doesn’t really love chili dogs that much – no one loves chili dogs that much! And the Cool Girls are even more pathetic: They’re not even pretending to be the woman they want to be, they’re pretending to be the woman a man wants them to be. [...]
I waited patiently - years - for the pendulum to swing the other way, for men to start reading Jane Austen, learn how to knit, pretend to love cosmos, organize scrapbook parties, and make out with each other while we leer. And then we'd say, Yeah, he's a Cool Guy.[..]
So it had to stop. Commiting to Nick, feeling safe with
Nick, being happy with Nick, made me realize that there was a Real Amy in
there, and she was so much better, more interesting and complicated and
challenging, than Cool Amy. Nick wanted Cool Amy anyway. Can you imagine,
finally showing your true self to your spouse, your soul mate, and having him
not ike you?"
martes, 1 de septiembre de 2015
Una
Se puso mi abrigo verde durante solo 3 días, y el armario estuvo oliendo a ella durante 4 meses. Yo abría la puerta solo para acordarme de que iba a sobrevivir. De que todo iba a irme bien.
Cuando era pequeña me daba la bufanda o el jersey que había usado ese día para que pudiera dormir. Y yo me abrazaba al olor de mi madre y mi cama se transformaba en el mejor lugar del mundo.
No conozco a nadie que se pueda enfadar tanto y ser tan feliz en los mismos cinco minutos. Y me alegro, porque la forma en que mi madre es feliz llena la sala, y no habría sitio para dos así en el mundo. Cuando mi madre sonríe entiendes el optimismo.
Tiene las manos suaves y calentitas. Señala siempre con el dedo indice mientras el pulgar se le curva de forma imposible. Sé reconocer sus manos en cualquier sitio.
Me llenó el pelo de margaritas, y el vestido de gatitos.
Me llama coco. Coquito.
Se le pegan todos los acentos más feos. Se dejaba la leche en el rellano cuando hacía la compra, y se ha cortado mil veces cocinando. No me deja comer el fuet a bocados, aunque siempre que la ves por la cocina ella está picando algo. Podría dormir de pie, y lo hacía cuando esperaba conmigo en el médico. Me cierra la persiana por la mañana en verano. Y me pinta las uñas de los pies aunque no puedo dejarlos quietos.
Tiene en la mente cien compartimentos y puede hacer cien cosas a la vez. Y digan lo que digan, las hace siempre bien.
Lo sabe arreglar todo. Lo sabe cocinar todo. Lo sabe dibujar todo. Sabe hacer sonreír a cualquiera. Aunque no es capaz de recordar la letra entera de una sola canción.
Si está leyendo asentirá a cualquier cosa que digas aunque no se habrá enterado de nada. Yo siempre hablaba de gorilas azules que se habían colado por la ventana y ella ni levantaba la vista. Se le puede caer la casa encima si está leyendo y solo le molestará cuando los escombros le tapen las páginas. Todos los libros que he leído en mi vida se los debo a ella. Todas las palabras.
Y yo no sé escribir sobre mi madre con orden porque eso no tendría sentido. Es el mejor adulto del mundo y a la vez uno de los peores. Podría sobrevivir en una isla desierta y convertirla en un loft apañadito aunque si se comprase un loft parecería una isla desierta la mitad del tiempo.
Pero es sin duda miembro selecto de mis personas preferidas en el mundo.
Y siempre la echo de menos.
Cuando era pequeña me daba la bufanda o el jersey que había usado ese día para que pudiera dormir. Y yo me abrazaba al olor de mi madre y mi cama se transformaba en el mejor lugar del mundo.
No conozco a nadie que se pueda enfadar tanto y ser tan feliz en los mismos cinco minutos. Y me alegro, porque la forma en que mi madre es feliz llena la sala, y no habría sitio para dos así en el mundo. Cuando mi madre sonríe entiendes el optimismo.
Tiene las manos suaves y calentitas. Señala siempre con el dedo indice mientras el pulgar se le curva de forma imposible. Sé reconocer sus manos en cualquier sitio.
Me llenó el pelo de margaritas, y el vestido de gatitos.
Me llama coco. Coquito.
Se le pegan todos los acentos más feos. Se dejaba la leche en el rellano cuando hacía la compra, y se ha cortado mil veces cocinando. No me deja comer el fuet a bocados, aunque siempre que la ves por la cocina ella está picando algo. Podría dormir de pie, y lo hacía cuando esperaba conmigo en el médico. Me cierra la persiana por la mañana en verano. Y me pinta las uñas de los pies aunque no puedo dejarlos quietos.
Tiene en la mente cien compartimentos y puede hacer cien cosas a la vez. Y digan lo que digan, las hace siempre bien.
Lo sabe arreglar todo. Lo sabe cocinar todo. Lo sabe dibujar todo. Sabe hacer sonreír a cualquiera. Aunque no es capaz de recordar la letra entera de una sola canción.
Si está leyendo asentirá a cualquier cosa que digas aunque no se habrá enterado de nada. Yo siempre hablaba de gorilas azules que se habían colado por la ventana y ella ni levantaba la vista. Se le puede caer la casa encima si está leyendo y solo le molestará cuando los escombros le tapen las páginas. Todos los libros que he leído en mi vida se los debo a ella. Todas las palabras.
Y yo no sé escribir sobre mi madre con orden porque eso no tendría sentido. Es el mejor adulto del mundo y a la vez uno de los peores. Podría sobrevivir en una isla desierta y convertirla en un loft apañadito aunque si se comprase un loft parecería una isla desierta la mitad del tiempo.
Pero es sin duda miembro selecto de mis personas preferidas en el mundo.
Y siempre la echo de menos.
jueves, 13 de agosto de 2015
To be there
Estar ahí, tú sabes cómo.
Estar ahí, ahí, justo donde tú no estás.
Ese ahí que no es ningún sitio, ese sitio que es una postura de las intenciones, de las ganas, del sentimiento. Esa postura que se vuelve incómoda cuando (no) intentas ponerla en mi dirección.
Ahiahiahiahiahi. Dónde están.
Ahiahiahiahi. Mis amigos. (8)
Estar ahí, ahí, justo donde tú no estás.
Ese ahí que no es ningún sitio, ese sitio que es una postura de las intenciones, de las ganas, del sentimiento. Esa postura que se vuelve incómoda cuando (no) intentas ponerla en mi dirección.
Estar ahí es una acción constante. Es un lugar errante, siempre entre tú y yo. Y ahora lo compartimos con el silencio y bolas del desierto y mucho de nada.
Ahiahiahiahiahi. Dónde están.
Ahiahiahiahi. Mis amigos. (8)
LDN
Conozco una ciudad que son cien ciudades. Conozco un sitio
mágico donde no hay verano y el agua está en el aire, en mi pelo, y en todas
partes. Hay canales por los que el río se convierte en pasto y los barcos saben
subir y bajar escaleras.
Hay mucha gente en traje que esconde su corbata para pedir a
gusto un happy meal. Aunque también hay artistas con la agenda llena de
obligaciones, porque el arte está en todas las calles. La brisa es protagonista
en pleno agosto y crea huracanes en túneles bajo la autopista.
Se puede oler a Dickens en los puentes, y de lejos las
historias de Jane Austen en los parques y los tablones de madera de las casa
con más canas. Hay mercados solo de flores, té bueno, y té mejor, y té de todos los sabores, y comida
de cualquier lugar. Los autobuses tienen vistas de terraza y en los taxis se
puede jugar al mus.
Pocas cosas hay tan tiernas como escuchar a niños hablar en
otros idiomas, y pocos sitios hay con tantos idiomas que escuchar. Y bueno... ¿He hablado ya del té?
Conozco una ciudad que son cien ciudades, y todo el mundo es
de allí, aunque nadie lo sea.
If I can make it there, I'll make it anywhere... It's up to you.
viernes, 3 de julio de 2015
Impresionablemente superficial y azucarada.
Cuando tengo un rimmel nuevo y un pintalabios naranja y me ha quedado el delineador IGUAL en los dos ojos, soy como una niña pequeña con sobredosis de azúcar. Soy como yo, con sobredosis de azúcar. O como yo allí donde hay cosas bonitas, sin más.
Hace algo más de un mes, tenía la maleta encima de la mesa para despedir una etapa que ya estaba pidiendo tierra. En 10 días, empiezo otra etapa igual de cargada pero sin saber si esta vez sobreviviré- Aunque por mal que me vaya, siempre tendré libros de tabla de salvación porque me han regalado un eeeeebook- hoy, que he llegado con la misma maleta al sitio del que ya no me quiero ir.
El rimmel ya no es tan nuevo pero el pintalabios sigue siendo igual de chulo, así que aquí me las den todas. O allí.
Hace algo más de un mes, tenía la maleta encima de la mesa para despedir una etapa que ya estaba pidiendo tierra. En 10 días, empiezo otra etapa igual de cargada pero sin saber si esta vez sobreviviré- Aunque por mal que me vaya, siempre tendré libros de tabla de salvación porque me han regalado un eeeeebook- hoy, que he llegado con la misma maleta al sitio del que ya no me quiero ir.
El rimmel ya no es tan nuevo pero el pintalabios sigue siendo igual de chulo, así que aquí me las den todas. O allí.
lunes, 20 de abril de 2015
Wondering
Amanece tan temprano que ninguno tiene tiempo de acordarse de ti.
La luz entra con fuerza antes de que sepan que es de día y no les queda más remedio que rendirse a la evidencia de que, otro día más, ha llegado el amanecer y nadie lo estaba esperando.
Con prisas se levantan, se visten y se mueven hacia otros lugares. Asustados, como si hubieran sido descubiertos haciendo algo que no debían. Corren por la habitación y la abandonan.
Yo no sé adónde van. He tratado de seguirlos casi cada día, cuando el sol también me asusta a mí, pero nunca los alcanzo. Vuelven cada noche, sin decir dónde han estado, sin preguntar cómo me ha ido. Vuelven a esta habitación, o a la que sea, como si nunca se hubieran marchado. Vuelven cada noche, y todo vuelve a empezar sin que nadie te haya pensado siquiera.
De vez en cuando, sin embargo, alguno se tropieza. Sucede en mis momentos favoritos, y los colecciono. Uno de esos sueños que se escapan cada mañana se topa con algo en su huida y apenas sale de la cama.
Se queda atrapado, entre tú y yo, y no le queda entonces otra salida que enfrentarnos. Se queda atrapado y me mira sin verme. Y te mira a ti, y te piensa, y se acuerda de que has estado ahí todo el tiempo. Sin fijarte en ellos, sin intentar seguirlos, atenta al preciso instante en que sale el sol.
Amanece muy temprano aquí, y llega siempre demasiado pronto el momento en el que cambiamos turnos en la realidad.
La luz entra con fuerza antes de que sepan que es de día y no les queda más remedio que rendirse a la evidencia de que, otro día más, ha llegado el amanecer y nadie lo estaba esperando.
Con prisas se levantan, se visten y se mueven hacia otros lugares. Asustados, como si hubieran sido descubiertos haciendo algo que no debían. Corren por la habitación y la abandonan.
Yo no sé adónde van. He tratado de seguirlos casi cada día, cuando el sol también me asusta a mí, pero nunca los alcanzo. Vuelven cada noche, sin decir dónde han estado, sin preguntar cómo me ha ido. Vuelven a esta habitación, o a la que sea, como si nunca se hubieran marchado. Vuelven cada noche, y todo vuelve a empezar sin que nadie te haya pensado siquiera.
De vez en cuando, sin embargo, alguno se tropieza. Sucede en mis momentos favoritos, y los colecciono. Uno de esos sueños que se escapan cada mañana se topa con algo en su huida y apenas sale de la cama.
Se queda atrapado, entre tú y yo, y no le queda entonces otra salida que enfrentarnos. Se queda atrapado y me mira sin verme. Y te mira a ti, y te piensa, y se acuerda de que has estado ahí todo el tiempo. Sin fijarte en ellos, sin intentar seguirlos, atenta al preciso instante en que sale el sol.
Amanece muy temprano aquí, y llega siempre demasiado pronto el momento en el que cambiamos turnos en la realidad.
lunes, 16 de marzo de 2015
Groundhog day
Salir y entrar en la cama, con todo lo que no pasa entre medias.
No siento el aire en la cara mientras oigo el zumbido de la sangre bombeando en mis oídos, mi respiración y las zapatillas golpeando en el suelo. No hablo. No compro, no cruzo la acera, no cargo las bolsas.
No avanzo.
Salir de la cama con la luz del sol en unas ventanas demasiado grandes. Demasiado tarde. Hacer la cama, con la promesa de un gran día, un día diferente, en el que me ducho y visto para de nuevo, quedarme en la misma habitación. La comida, la cama, el escritorio. En la misma habitación con ventanas grandes y el sol en ellas.
Entrar en la cama, con el pijama puesto. Cada vez más tarde, y más triste, y más vieja.
No siento el aire en la cara mientras oigo el zumbido de la sangre bombeando en mis oídos, mi respiración y las zapatillas golpeando en el suelo. No hablo. No compro, no cruzo la acera, no cargo las bolsas.
No avanzo.
Salir de la cama con la luz del sol en unas ventanas demasiado grandes. Demasiado tarde. Hacer la cama, con la promesa de un gran día, un día diferente, en el que me ducho y visto para de nuevo, quedarme en la misma habitación. La comida, la cama, el escritorio. En la misma habitación con ventanas grandes y el sol en ellas.
Entrar en la cama, con el pijama puesto. Cada vez más tarde, y más triste, y más vieja.
viernes, 17 de octubre de 2014
Street Harassment
Hoy he ido a la universidad, como cualquier otro día. Me he
vestido como he decidido que pegaba a un día como hoy, que es solo otro día. Y
he subido en el bus casi como cualquier otro día, porque hoy era día de
lluvia. Y por segunda vez esta semana, he tenido que soportar la agresión en la
calle, que se ha dado como cualquier otro día. Mientras cruzaba por un paso de
cebra, el coche que esperaba con el semáforo en rojo ha pitado y simulado
acelerar. Sus tres ocupantes han bajado las ventanillas con el objetivo de
comentar mi cuerpo, mi ropa, mi forma de andar y de actuar, y en definitiva, la
manera en que ocupo espacio en este planeta.
Hace unos días me pasó algo similar, de vuelta a casa, de noche y sin coches de por medio. Entonces seguí caminando, intentando mantener la barbilla alta, los pasos firmes y la mirada al frente, sin acelerar el ritmo, haciéndoles creer que no podían afectarme ni enfurecerme, que no tenían poder sobre mí. Pero lo tenían, porque yo ya llevaba las manos apretadas y contaba los pasos hasta mi casa. Y lo que ellos vieron fue el objeto de sus comentarios seguir adelante, como si esos comentarios no fuesen nada extraordinario. Como si no pasara nada.
No es un piropo, es una forma de demostrar que estás por encima de mí, que tienes derecho a opinar como si yo hubiese sido concebida para ser expuesta. Mi existencia no está ahí para que tú puedas juzgarla, y yo no tengo por qué soportar que lo hagas. Y dirían ellos, si pudieran ver las palabras que les dedico, que no hay nada de machismo por medio, que a ellos no les molestaría estar en mi situación. Pues si es un problema que tú, como hombre, no tienes con las mujeres, quizá sí sea machismo. Porque no estamos entre iguales, porque si no hubiese sido desde un coche que iba a tener que avanzar en segundos yo no habría podido contestar sin miedo.
Hace unos días me pasó algo similar, de vuelta a casa, de noche y sin coches de por medio. Entonces seguí caminando, intentando mantener la barbilla alta, los pasos firmes y la mirada al frente, sin acelerar el ritmo, haciéndoles creer que no podían afectarme ni enfurecerme, que no tenían poder sobre mí. Pero lo tenían, porque yo ya llevaba las manos apretadas y contaba los pasos hasta mi casa. Y lo que ellos vieron fue el objeto de sus comentarios seguir adelante, como si esos comentarios no fuesen nada extraordinario. Como si no pasara nada.
Hoy, sin embargo, he decidido que sí que pasa. Que no puedo aceptar como parte de mi rutina convertirme en un escaparate. Que las calles son tan mías
como de cualquier otro, y no hay hora del día ni lugar por el que deba pensarme dos veces si camino, porque soy una mujer.
He girado sobre mis talones y he contestado a las ventanillas abiertas. No necesito tu opinión sobre mi cuerpo. Y de ellas ha salido algo como “solo era un piropo niña, no seas sosa”. Pero a mí no me parece solo un piropo y aunque lo fuera, no me da la gana aceptarlo. No puedo hacer como que es lo normal, que comentar es lo que tú debes hacer, y aceptar lo que debo hacer yo.
He girado sobre mis talones y he contestado a las ventanillas abiertas. No necesito tu opinión sobre mi cuerpo. Y de ellas ha salido algo como “solo era un piropo niña, no seas sosa”. Pero a mí no me parece solo un piropo y aunque lo fuera, no me da la gana aceptarlo. No puedo hacer como que es lo normal, que comentar es lo que tú debes hacer, y aceptar lo que debo hacer yo.
No es un piropo, es una forma de demostrar que estás por encima de mí, que tienes derecho a opinar como si yo hubiese sido concebida para ser expuesta. Mi existencia no está ahí para que tú puedas juzgarla, y yo no tengo por qué soportar que lo hagas. Y dirían ellos, si pudieran ver las palabras que les dedico, que no hay nada de machismo por medio, que a ellos no les molestaría estar en mi situación. Pues si es un problema que tú, como hombre, no tienes con las mujeres, quizá sí sea machismo. Porque no estamos entre iguales, porque si no hubiese sido desde un coche que iba a tener que avanzar en segundos yo no habría podido contestar sin miedo.
Porque no es un piropo. Es la manera de arrebatarme el
poder, de tratar de convencerme de que las calles no son tan mías como de
cualquier otro. Y eso no voy a aceptarlo hoy, que quizá no sea del todo un día
como cualquier otro.
Streets are ours. Not ours too.
Y para quitarle algo de hierro al asunto, y sobrevivir a cada semana sin morir de ira: 10 cosas que los acosadores nunca dicen
martes, 26 de agosto de 2014
To all the boys I've ever loved.
Te recuerdo, seguro. Pero no lo hago a menudo.
Sé que hubo un comienzo. Siempre es el comienzo lo más sencillo de pensar. Imagino a la casualidad jugando conmigo, cogiéndome de la cabeza como a un pequeño muñeco en una reproducción en miniatura de la realidad, y dejándome sin pensar en medio de tu camino. Seguramente fue así. O quizá fuiste tú quien se interpuso en el mío, tapando las señales que me llevarían a cualquier otra parte.
Si tú lo haces alguna vez, recuerda a la persona que era antes de que me cambiaras. Antes de quererte, o de creer que me querías. Recuerdame antes de quererme, si lo hiciste. O cuando supiste que lo hacías.
Si fueron muchos o pocos los segundos que pensé en ti, desde que no lo hago eso ya no importa. Mi percepción de la intensidad y el tiempo en que te quise son distintos ahora que ya no lo hago.
Deberías saber que no fue por ti que te quise. Fue por mí. Porque lo que fuera que te gustaba de mí coincidió con lo que sea que me gusta de mí. Mi curiosidad fue la principal causante de que al final, sí que fuera por ti.
Y de nuevo fui yo el motivo para dejar de quererte. Si tú lo hiciste primero, me alegro de que pudieras dejar que yo me diese cuenta después. Si acaso sin saberlo fue cosa mía, estabas haciendo desaparecer esas cosas que te gustaban de mí. Y tarde o temprano tú tampoco me querrías. Así que por esto último, acepto tus disculpas, y fue un placer librarte del error.
Me alegro de no haberte conocido lo suficiente, y de que no sepas cómo te quería, si acaso alguna vez sospechaste que lo hacía. Ojalá te hubieras convertido en otra persona cuando dejé de quererte, y yo no tuviera la certeza de que sigues existiendo pero ya no estás siendo quien tiene una hueco reservado en mí. Porque es incómodo pensar que un pedacito de mi corazón es de un extraño. Es como caminar con las pantuflas de otro en tu sala de estar.
A todos los chicos que quise, sabed que ya no lo hago. Pero hay un momento en el tiempo en el que siempre lo haré, aunque prometo que no es a propósito.
domingo, 24 de agosto de 2014
Let's not.
Y pienso que no hay una manera de explicarte a ti mismo. No hay una carta de presentación, esquemática. Yo no la tengo, y ni siquiera me quiero presentar. Si la única forma de hacer que me sienta bien es pensar que si me conociera hoy mismo al menos a mí yo me caería bien, entonces no hay una forma. No existe universo en el que aceptara de mi parte una tarjeta de presentación.
A los quince años te dicen que lo que tienes delante es tiempo. Sin esfuerzo, él dejará en donde tengas que estar, formará tu tú. A los 21 no hay tú que valga, o al menos yo no tengo un yo. Lo que realmente sucedería esta noche es que me cruzaría con una nebulosa casi transparente, una masa cambiante e indecisa que no solo no querría conocer sino que realmente no podría. Porque no es.
Si todo lo que sé que mi yo quiere hacer para ser está en este universo, es difícil entender por qué no está formando ya parte de esa masa que ni siquiera me va a decir hola.
Si está ahí, qué pasa con el tiempo que pierdo sin saber si existo. Por qué salgo sin querer hacerlo, por qué ocupo este espacio y no otro, por qué no estoy creando ni tampoco mirando.
Todo lo que soy es un montón rancio de "si pudiera" y no hay nada de lo que quiero haciéndose realidad. No he elegido mi lugar, mi ocupación, ni mi compañía. Echo en falta en esta cantidad de medios y de gente que como yo no duerme y necesita de algún modo compartir y expresar sus pensamientos para que tengan orden, alguna persona que explique con más claridad qué se hace, y qué se siente, en los años perdidos. Esos en los que el tiempo ya debería haberte convertido en algo, pero aun tienes que esperarlo para que termine su función. Y sobre todo, qué hacer para que la lleve a cabo de una vez por todas.
jueves, 21 de agosto de 2014
Una luz.
Take me out tonight where there's music and there's people and they're young and alive.
Driving in your car, I never never want to go home... because I haven't got one anymore.
Take me out tonight because I want to see people and I want to see life. Driving in your car.
Oh, please don't drop me home. Because it's not my home, it's their home, and I'm welcome no more.
Aunque la música hable por ti. La gente viva por ti. La vida es sin ti.
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