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sábado, 28 de octubre de 2017

Vértigo

Si mañana no recuerdo esta sensación, seré otra persona.
Si un día despierto sin saber que sé cómo son tus ojos, perderán el orden el resto de colores.
Si una catástrofe borra toda esto, no podré averiguar de qué manera no me ha ganado el mundo.

Tengo la certeza de que este sentimiento no se puede repetir. Como montar en avión por primera vez. Como probar la cocacola. Así que necesito una cápsula del tiempo, una caja fuerte, un piso franco, un grabado en piedra... Algo, aunque sea esto. Necesito saber que no habrá ninguna realidad en la que no sepa quién eres y quién soy yo contigo.

Cuando te conocí me mirabas como si pudiera romperme en cualquier momento. Como si fuese el mejor premio en la verbena y llevases comprando papeletas toda vida. Una vez pude bajar del pedestal y mi torpeza demostró que no me rompo fácilmente, pude reírme alto y fuerte.
Recuerdo con claridad el momento en que me di cuenta de que estaba cómoda contigo, de que era yo misma: cuando me reí como yo me río y tú me miraste con tus ojos muy abiertos, pero sonriendo.
Un día de verano en el que el oxígeno pesaba demasiado para mis pulmones, me dijiste vamos. Y fuimos a un paseo de madrugada, yo llevaba plomo en los bolsillos y tú trajiste un polo de horchata.
A veces tengo la sensación de que esa noche nunca se terminó y seguimos caminando sin un lugar al que ir, por estar juntos. Y a veces camino y camino, y no sé si cuando vengas traerás tú el plomo o la horchata. A veces, no sé si vendrás.
Pero el vértigo no entiende de "a veces". El vértigo siempre está ahí, aunque no estemos ni tú ni yo, porque nunca se cumple si no caemos. El vértigo se nutre de vernos de pie y de verme a mí asomada a esa realidad en la que no sé quién eres o quién soy yo contigo.
No sé hacia dónde caminamos ahora, pero espero que sea un camino que nos aleje del precipicio y que el vértigo pase y que en nuestras ventanas luzca el sol cada mañana.

Me escucharás, me buscarás, cuando me pierda y no señale el norte la estrella polar...?

domingo, 26 de febrero de 2017

Tu continente.

Mi casa está construida de acuerdo a un plano que define el resto de casas de por aquí. Mientras la construían, fue surgiendo la necesidad de adaptar los planes a las circunstancias, al terreno, a los materiales disponibles... Y así, hoy todo parecido entre la casa y el plano original es solo casualidad.
Todo el mundo tiene una opinión sobre mi casa. Los que son arquitectos, y los que no. Los que me han ayudado a construirla, y los que no.
Las opiniones son humanas, no creo que se puedan evitar. Pero las palabras son responsabilidad completa del que las pronuncia. Y yo no recuerdo haber pedido nunca opinión sobre mi casa.
Llevaba seis años en construcción cuando llegó la primera inspección. Esta obra no va bien, me dijeron. Se va a quedar con pocos pisos y la estructura se está torciendo. Así que tuvimos que cambiar los materiales, y probamos muchos distintos pero ninguno conseguía que las paredes se mantuvieran donde debían estar.
Han pasado muchos años y la obra nunca parece estar terminada. Los problemas, las gritas, las inundaciones y las goteras nunca dejan de aparecer. Y a veces pienso que ojalá pudiera mudarme.

Pero esta es mi casa. La que me da cobijo, la que mantiene mi calor.
Y también es mi casa, la que nunca cumple las expectativas, la que está siempre en reconstrucción.
Esta casa no es una. Esta casa son tantas que he perdido la cuenta. La casa en que yo vivo, la casa que ven los demás, la casa que analizan los arquitectos, la casa que derrumbo, la casa que cuido, la casa que me duele y la que me gusta decorar.

Esta casa es un cuerpo, este cuerpo que no es uno. Esta casa es un dilema sin solución y un trabajo interminable. Esta casa tiene vistas al futuro y un plano que redibujar.

lunes, 20 de febrero de 2017

Things we lost in the fire

Si ves que mi canción acaso no resulta, avísame y recojo la melancolía.

¿Te acordarás quizá de los chicles que hacían que desapareciera el verano?

Yo, que nunca he soportado la menta, el sabor del polo
atesoro, sobre todo
los chicles en los besos.
Chicles que picaban y me hacían respirar,
y contigo, también olvidar los 37º a la sombra.
Sentía el polo,
se iba el verano,
en el aire que estaba a tu alrededor.

¿Qué recordaré yo?
La cara.
No,
los ojos que me miraron en un vestido largo y el pelo suelto a pesar del calor,
y el silencio,
y los comentarios que no hiciste.
Todos y cada uno de ellos, brillándonos en los ojos.

Recordaré que no había fresas con chocolate,
pero sí libros de historia,
y feria del libro,
deshabitada desde entonces.

Recordaré la tranquilidad,
y las grietas que notaba a tu lado, por donde tu luz se filtraba
y yo no me quedaba
con
nada.

Recordaré que me gustabas y no podía quererte.
Pero sí te quise.
Tú con tu luz y yo sin darte
nada.
Yo, siendo un boceto
siendo mil piezas que nunca formarían el puzle que imaginabas.

Me quedo con ese invierno en julio,
y el camino que nunca me aprendí hasta tu casa.
Lo demás no sé dónde ha ido,
creo que ardió
con las piezas y el puzle y el cartón y el verano.

Y ya no hay pruebas,
ya no recuerdo la cara, ni los ojos
solo las palabras que no dijiste,
las que yo dije de más,
y la curiosidad que ya no siento.

*DISCLAIMER: esto no es un poema. A leer poemas, a otra parte.

miércoles, 29 de junio de 2016

Latín antiguo

A veces la mente va más deprisa que la vida.
Cuando ser una misma resulta un trabajo de relojero, porque ya no sabes seguro quién es esa. Se ha perdido Unamisma. Unamisma es una adolescente que nadie sabe en qué persona de verdad se va a terminar convirtiendo.
Pero vive dentro de una persona de verdad que no sabe con qué unamisma llenarse.

A veces, la mente trabaja con la energía del Hogwarts Express en hacer y deshacer puzzles filosóficos imposibles, mientras le queda el impulso de un cuarto de tortita de arroz para mantenerse de pie. Y ser.
Cuando nada parece tan difícil como salir a la calle y hacer rutina, ser diaria. Y a la vez, nada resulta tan atractivo como vivir en horizontal, sin tener que emitir un sonido.
Pero ningún sonido es tan estruendoso como el eco de las piezas del puzzle que brinca entre hemisferios y lóbulos.

A veces, la mente va más deprisa que la vida.
Cuando no puedo explicar por qué soy como estoy, y me muevo como lo hago.
Pero no puedo dejar de hacerlo, porque el tiempo en el que la mente dio la orden para que yo fuera en este momento, es un tiempo pasado. Y cuando lo estoy viviendo ya no hay vuelta atrás.

La vida es ahora, pero la mente ya ha sido. La mente que es ahora, no tiene claro cuándo está.

lunes, 16 de marzo de 2015

Groundhog day

Salir y entrar en la cama, con todo lo que no pasa entre medias.
No siento el aire en la cara mientras oigo el zumbido de la sangre bombeando en mis oídos, mi respiración y las zapatillas golpeando en el suelo. No hablo. No compro, no cruzo la acera, no cargo las bolsas.
No avanzo.
Salir de la cama con la luz del sol en unas ventanas demasiado grandes. Demasiado tarde. Hacer la cama, con la promesa de un gran día, un día diferente, en el que me ducho y visto para de nuevo, quedarme en la misma habitación. La comida, la cama, el escritorio. En la misma habitación con ventanas grandes y el sol en ellas.
Entrar en la cama, con el pijama puesto. Cada vez más tarde, y más triste, y más vieja.

domingo, 24 de agosto de 2014

Let's not.

Y pienso que no hay una manera de explicarte a ti mismo. No hay una carta de presentación, esquemática. Yo no la tengo, y ni siquiera me quiero presentar. Si la única forma de hacer que me sienta bien es pensar que si me conociera hoy mismo al menos a mí yo me caería bien, entonces no hay una forma. No existe universo en el que aceptara de mi parte una tarjeta de presentación.
A los quince años te dicen que lo que tienes delante es tiempo. Sin esfuerzo, él dejará en donde tengas que estar, formará tu tú. A los 21 no hay tú que valga, o al menos yo no tengo un yo. Lo que realmente sucedería esta noche es que me cruzaría con una nebulosa casi transparente, una masa cambiante e indecisa que no solo no querría conocer sino que realmente no podría. Porque no es.
Si todo lo que sé que mi yo quiere hacer para ser está en este universo, es difícil entender por qué no está formando ya parte de esa masa que ni siquiera me va a decir hola. 
Si está ahí, qué pasa con el tiempo que pierdo sin saber si existo. Por qué salgo sin querer hacerlo, por qué ocupo este espacio y no otro, por qué no estoy creando ni tampoco mirando.
Todo lo que soy es un montón rancio de "si pudiera" y no hay nada de lo que quiero haciéndose realidad. No he elegido mi lugar, mi ocupación, ni mi compañía. Echo en falta en esta cantidad de medios y de gente que como yo no duerme y necesita de algún modo compartir y expresar sus pensamientos para que tengan orden, alguna persona que explique con más claridad qué se hace, y qué se siente, en los años perdidos. Esos en los que el tiempo ya debería haberte convertido en algo, pero aun tienes que esperarlo para que termine su función. Y sobre todo, qué hacer para que la lleve a cabo de una vez por todas.

jueves, 14 de agosto de 2014

Pressure

Te atravieso con la mirada, desde los pies a la cabeza. Cuando antes podía mirarte tratando de que tu presencia aquí encontrara la luz del cuarto.
Te mido, peso y juzgo. Y te encuentro culpable. Antes podía preguntarte, con sincero interés. Ahora te interrogo, encontrando en tus palabras la confirmación oculta de mis ideas preconcebidas.
Te culpo entonces por cada uno de tus pasos errados. Hace no mucho podía mostrar empatía, comprender el tamaño de las piedras en el camino, buscarte unos zapatos nuevos. Ahora solo oigo tus excusas, tus explicaciones banales que culpan de la caída a cualquier otro que pasara por allí, cuando sé que ni el camino más limpio ni las mejores zapatillas habrían evitado que te lanzaras al vacío.
Te di la oportunidad de ser quien aparta las piedras y escoge su calzado. Pero desde que no puedo vigilar tus pasos, el camino que vas trazando no es el correcto. Te equivocas, no existes de acuerdo a lo esperado. Después de tanto esfuerzo, solo a ti se te ocurre no encajar en el molde que se fabricó. Imagino que esperabas que se formara teniendo en cuenta tus medidas, para no esforzarte en cambiarlas de modo que fuera para ti.
Podías escoger. Y lo has hecho mal.
Hay presión en mis ojos, y en mis palabras. La sientes. Vas a tener que actuar con el peso de las consecuencias pero sin la libertad para asumirlas. Porque estoy yo, para cargarlas poco a poco, sin dejar de recordarte que soy yo quien las sujeta. Porque aunque creas que tú escoges la meta soy yo quien mide tu velocidad, día tras día.

No es fácil tampoco para mí, yo también la siento.
Presión, porque estás aquí y no sabemos qué hacer contigo.

martes, 12 de agosto de 2014

Guardia Vieja

Quizá no desee vivir muchos años, pero sí vivir mucho. Deseo que la vejez me sorprenda siendo un millón de instantes inolvidables. Deseo que cuando vea a la muerte tan cerca que pueda preguntarle por Liesel en un susurro, ella me vea a mi llena de vida que ha sucedido.
Si algo me aterroriza no es la muerte, sino ser una de esas personas que han vivido para verse, en la vejez, como noticieros de la vida de los demás. Esos ancianos que cuentan como propias las historias que otros les relatan, como si hubiesen estado en los escenarios que describen. No son ni siquiera espectadores de otras vidas, sino que reciben experiencias de tercera mano, que cargan de lo que ellos creen que podría haber sucedido, de detalles inventados, porque han perdido el valor de desarrollar sus propias historias.
Existen una probabilidad bastante alta de que olvide cómo viví, y cuánto temía convertirme en un espectador pasivo y un transmisor poco fiable de otras historias. Sin embargo, tengo la firme esperanza de que incluso sin recordar mi nombre, siga teniendo ansias por descubrir cuál es. Y olvidarlo mil veces para volver a preguntar, buscar y luchar por saberlo de nuevo, y en el trayecto vivir más. No quedarme parada, continuar. Ser siempre parte de la acción, y de la vida.

miércoles, 6 de agosto de 2014

You is smart, you is kiiiind, you is important.

Cien entradas en este blog. Y le empiezan a pesar los años, al pobre. Pero creo que he conseguido limpiarlo de la energía negativa que había acumulado, y ahora me cae realmente bien.
Una forma de explicar de forma sencilla cómo veo a este pequeño montón de datos perdidos en la red es el título de la entrada. Un pedacito del libro y película Criadas y señoras, que podéis ver si no sabéis de que hablo.
No quiero reflexionar sobre cómo pasa el tiempo, y cuánto me ha ayudado escribir, y toda la mierda que suelo soltar.
Solo quiero parar, tomarme un momento para tomar aire, y ver hasta dónde he llegado.
Y por supuesto, acompañarlo de banda sonora.

You're the reason I'm traveling on... Don't think twice, it's all right.

It ain't no use in turning on your light babe, that light I never knowed. 
And it ain't no use in turning on your light, babe, I'm on the dark side of the road.
But I wish there was something you would do or say to try and make me change my mind and stay... we never did too much talking anyway. 
Don't think twice it's all right. 


sábado, 19 de julio de 2014

A fuego lento

Te miro, y no entiendo por qué lo hago. Te sigo, como si todo el desconcierto que produces fuera sed, y solo tú pudieras calmarla. Me muevo hacia cualquier dirección, buscándote sin darme cuenta. Porque mirarte es la forma que tiene mi cuerpo de dar una orden, de marcar la dirección, y el destino eres tú. De todas partes sales tú, o quizá es que siempre me dirijo allí donde puedo mirarte. Y cuando lo hago, haces que mi mente se colapse, sin saber qué quiere y sin entender qué provoca el fallo en el sistema. Y solo puedo dar por cierto que te estoy mirando, y que no sé por qué lo hago.
Pero te miro. Y cuando tú me miras, mi cuerpo se convierte en un relámpago lleno de electricidad, buscando desesperadamente tocar tierra. Y cuando dejas de mirarme, toda la tierra del mundo me pesa bajo los pies.
Lo mejor de este paisaje, me dijiste, lo mejor del mar, es que cuando sale el sol puedo ver tus ojos reflejados allí. Dicho por cualquier otra persona habría sonado estúpido e irreal, pero sé que clavas tu mirada en mis ojos como yo lo hago. Así que me lo creí, y culpé a mis ojos de esta tortura. Los culpables de que no pueda existir con todas mis partículas cuando estoy cerca de ti, porque te miran, y cada minuto que paso mirándote más partes de mí se van desprendiendo en tu dirección. Mis ojos, que hicieron que tú me miraras a mí, metiéndonos a ambos en este juego absurdo, que hace que me arda la piel. Que me convierte en una masa electrificada incapaz de soportar la sobrecarga.
Te rozo la mano al pasar por delante de ti, y me guiñas un ojo. Y ahí acaba todo, porque la pasión cuando se desata, con el fuego ardiendo en llamas que alcancen el cielo... se escapa, se diluye demasiado. Y nunca más vuelve a concentrarse como para provocar tal energía.
Pero aún así, lo que yo más deseo es mirarte sin tener que dejar de hacerlo. Descargar en ti todas las veces que me ha consumido el fuego, convertirme contigo en ceniza y arrasarlo todo detrás de nosotros hasta que no quede nada. Ni de ti, ni de mí, ni de la electricidad.
Y después, morir cada vez que te vea, y ya no quiera mirarte.

lunes, 14 de julio de 2014

We're all mad here

Mi casa está tan llena de vida que se está volviendo loca. A las seis de la tarde en verano parece que ninguno de los cuatro vivimos aquí. Ni siquiera las dos perras y las dos tortugas se atreven a hacer ruido. Mi abuela se sienta al sol y se queja del calor que hace. Pues siéntate a la sombra, le digo. No niña, si a mí el sol nunca me ha hecho daño, estoy bien aquí. Pero ay, qué sol y qué calor.
Y un día tras otro, lo mismo. Pero distinto. Mi padre mira el huerto durante horas, y casi le ha puesto nombre a las lechugas que tiene. Puede decirte exactamente para cuándo estará maduro ese tomate, y se intenta asegurar de que no tenemos que tirar una sola berenjena, a pesar de que no se nos ocurren más formas de cocinarlas.
Mi madre estornuda que parece que va a tirar la casa abajo. Como si en el mundo no tuvieran suficientes huracanes. A la hora de la cena los chistes malos que hacemos mi padre y yo sobre su vestido puesto al revés, desquician a mi madre. Mañana os ponéis a la sombrita todo el día, que el calor os ha dejado tontos. Y mi padre se hace el sordo, y le dice a mi madre que deje de robarle su copa, que la suya es esa otra. Pero cuando se le ha acabado el vino, coge mi vaso de cocacola y me saca la lengua cuando lo devuelve vacío. Pero mírala, papá, dile algo. Y nadie sale en mi defensa, pero mi padre le pregunta a mi abuela si le gusta el café, que hoy se lo ha puesto con hielo. Sí, muy rico muy rico. Pero le gusta más así, o con leche templadita, pregunta mi padre. No, si el café esta muy rico, insiste ella. Pero le gusta más así o de la otra manera. Sí sí, me gusta mucho el café. Sí sí.
Y mi padre se ríe. Y mi madre se ríe, y como no se ha inventado una risa tan contagiosa, pues nos reímos todos. Estáis locos en esta familia, no os enteráis de nada, dice mi abuela.
Y va a ser verdad. Nos falta ponernos sombreros ridículos, porque el juego de las tazas lo vamos dominando. Estamos todos locos aquí. Y a los locos hay que tratarlos con cariño.
No hay un solo lugar en el mundo tan maravilloso como mi cocina. Incluso cuando aparece la leche guardada en el cajón, y el salero en la nevera. Vaya apaño de melonar, que diría mi padre.

miércoles, 9 de julio de 2014

Where did the party go?

Me presento: soy esa persona que prefiere pasar el verano sola, leyendo y saliendo a correr con música en los oídos, para que nadie se ofrezca a acompañarla. Sin embargo, siento que no debería ser esa persona. Que es el momento de salir hasta que se haga de día, que tengo los amigos y la oportunidad. Todo listo para la fiesta. Todo, menos yo.
Y pienso, qué clase de historia digna de contar comienza conmigo sujetando una cerveza en medio de un centenar de personas sujetando su alcohol, deseando ligar, o pegarse con alguien, o más alcohol. Qué tipo de recuerdos tengo cuando llego a casa, con los pies destrozados y el vestido lleno de la bebida de otras personas (con las que he decidido no pegarme). Me lo paso bien, pero no me siento bien por ello. Me gusta bailar, pero salir así no significa bailar. Saltar, gritar, puede, si la orquesta es decente. Pero no sé por qué sigo empujándome a salir así. Por qué siento que está mal todo esto que pienso.
Me debería presentar de nuevo: soy esa persona que no sabe si es una sola persona. Creo que es bastante probable que esté engañando a todo el mundo y no sepa dejar de hacerlo.

jueves, 26 de junio de 2014

Young Volcanoes

Los días que marcas en el calendario no pueden estar siempre prediseñados. No te haces necesariamente mayor el día que cumples 18, ni te comprometes de verdad con una persona el día de tu boda.
Hoy es un martes de mayo cualquiera, sin marca en la agenda. Pero hoy ha sido el primero de muchos días en los que mi fracaso comienza a ser solo culpa mía. Y me siento extremadamente llena de responsabilidades. Y sobre todo, de libertad.
El conjunto de día-a-días que había acumulado, siguiendo unas reglas que yo nunca definí, han cerrado la puerta detrás de ellos. Toda su estructura se ha derrumbado, dejándome a mí sin un camino que seguir. Es decir, con todo el bosque para decidir por dónde quiero pasar. 
Roma está ardiendo y yo no pienso quedarme a convertirme en las cenizas. Hoy he crecido un poco, o me he dado cuenta de que ya lo había hecho. He hecho una muesca en el marco de la puerta. He vivido un poco más. Me siento llena de energía y de vida incontrolable, que se me escapa por las yemas de los dedos y el brillo de los ojos.Y tengo ganas de cantarme que soy una muchacha excelente. Así que esta es mi manera de hacerlo, aunque para cuando leáis esta entrada ya sea junio, y haya dejado de ser martes. Y el calendario diga que he cumplido 21 años.
No sé que pasará el 26 de junio y no quiero esperar para verlo, porque hoy ya está todo en ruinas. Y para entonces, habremos hecho de Roma una ciudad mil veces mejor, y solo será un día más en esa nueva ciudad.

When Rome's in ruins, we are the lions free of the coliseum. 
...It's all over now, before it has begun... and we've already won!
We are wild.
We are like young volcanoes.

jueves, 19 de junio de 2014

Miss missing you

Unos meses atrás me di cuenta de que ya no me veo reflejada en los espejos. Me veo en los cristales de las tiendas, en las puertas del tren antes de abrirse, en las paredes metálicas del ascensor... Miro, y siempre está en el otro lado una persona que lleva tanta prisa que no me aguanta la mirada, y solo es capaz de concentrarse en cómo llevo el pelo o en cómo mis zapatillas parecen mucho más inapropiadamente verdes que cuando me las puse por la mañana.
Los espejos, sin embargo, han comenzado a aterrarme. Aparto la mirada y trato de evitar contacto visual con la persona que soy en esas superficies metálicas. No quiero creer que esa sea la forma en que todo el mundo me ve.
Sin embargo, al menos en esas otras superficies había algo que se reflejaba frente a mí, lo suficientemente difuso como para que me atreviera a mirar. Y me gustase o no, inspiraba cierta tranquilidad saber que dispones de un reflejo personal e intransferible, fiel a tu presencia. Al que te has acostumbrado.
Pero hoy, al buscarme en la ventanilla del autobús, no había nada. Con preocupación me he puesto la pantalla del móvil frente a los ojos, y solo podía ver el respaldo de mi asiento, y a la mujer sentada detrás de mí.
Durante una hora, en la que he olvidado mi destino y pasado de largo mi parada, he intentado comprender qué era lo que estaba sucediendo a mi alrededor. Creo que mi reflejo y yo, que tanto tiempo hemos pasado distanciándonos, hemos roto por fin nuestra relación.
Así que no tengo reflejo. Se ha debido marchar a buscarse a alguien que le preste más atención. Que le acepte como es.
Y yo me he quedado sola. Sin nada que me indique cómo me perciben los demás. Sin ninguna prueba de si estoy consiguiendo acercarme o no a la imagen de persona que trato de conseguir. Con el imnenso problema de ser totalmente independiente de mi aspecto y de lo que el resto del mundo pueda ver en él. Y sin saber qué hacer con tan gigantesca felicidad.

miércoles, 14 de mayo de 2014

The Mighty Fall

Si la mente gobierna sobre la persona, siento que no estamos en buenas manos. La mente se colapsa, crea realidades que no se ajustan al mundo en el que vivimos. La mente caduca.
Hoy fue uno de esos días de envejecer de repente, asumiendo responsabilidades y conflictos. La presión y la confrontación con cualquier persona hace que mi mente deje de funcionar. Incluso cuando en una conversación una persona que considero cuerda alza la voz, o añade más pasión de la que yo espero a un argumento, mi mente colapsa. Dejo de tener ideas válidas que defender y me convierto en un ser tembloroso deseante de que todo eso acabe. Mi mente, reinante en el imperio de quien soy, cae. Y entonces se produce la anarquía que me anula. Cuando más necesito de todo lo que tengo para defenderme, mis tropas abandonan y me quedo sola, buscando la fuerza para hablar sin que esta aparezca.
Cuando desperté años más joven esta mañana, creía en las mentes. Hace unos años incluso habría vendido mi reino por ellas. No me habría visto envuelta en el conflicto con seres queridos si mis creencias hubieran tenido algún fundamento. Pero no lo tenían, y una mente con una realidad alternativa ha aplastado a mi mente, real pero débil. Y otra mente que ha pasado demasiado tiempo en funcionamiento no me reconoce.
Las mentes me arrebatan a las personas que quiero. Y la mía ha echado tantas arrugas que ni siquiera puedo enfadarme. Pero me duele como le duele a las personas mayores la vida que se ha ido.

Siento que la existencia debería dejar de ser continua. Me haría inmensamente feliz poder pausar la vida mientras el tiempo sigue corriendo, sin que las mentes se vieran afectadas por él.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Diré buenas noches hasta que amanezca.

En el amor todo quiere ser superlativo. Siempre es todo o nada, y parece que siempre es necesario un "siempre".
No parecen tener cabida las medias tintas. Romeo y Julieta creen que se gustan y eso, van a salir juntos a ver qué tal. Se cogen cariño pero también discuten de vez en cuando. Que están bien juntos pero nada serio de momento. Ah, que no matarían el uno por el otro. Ah. Pues entonces no.
La adrenalina no permite determinados razonamientos mediocres. Cuando hay amor, desgraciado o feliz, lo es hasta el extremo. Y hasta el fin, o del amor o de la persona. No puede ser que no sea nada serio, y cuando sucede, es como que... no parece amor, y se acaba. Porque, para qué añadir mediocridad a la vida.
La idea es que no te quedes con alguien si tu vida se va a mantener exactamente igual. No te quedes con alguien que no pueda hacerte, de vez en cuando, vibrar de alegría. No te quedes con alguien que no tenga la capacidad de hacerte sufrir.
El amor es eso que convierte a quienes lo sienten en protagonistas. Hechos para cambiar el destino del otro, aunque no se queden para verlo.

Good night, good night! 
Parting is such sweet sorrow that I shall say good night
till it be morrow

martes, 15 de abril de 2014

Alone together.

Me encanta mirarte cuando estás cerca, y me gustaría culparte de cada uno de mis problemas cuando estás lejos. Estaría dispuesta a gritarte a través de un megáfono cuánto te odio, pero se le acabaría la pila cuando te acercaras a escucharme. No sé cómo hemos llegado al punto en el que te dejaría coger mi voz y calmarla porque no necesito gritar. Ni hablar siquiera.
Escupo todos mis pensamientos -como ahora, como si estuviera sola- cuando estoy contigo, sin que me preocupe ser malinterpretada o juzgada. Estoy tan cómoda sola como contigo. Y no sé cómo de bueno es eso, cuando apenas me aguanto.
No sé cómo hemos podido estar tan cerca viniendo de lugares tan lejanos. Ni siquiera estoy segura de si seguirán estando cerca los lugares a los que vamos, pero trato de continuar caminando a tu lado.
Me duele tanto la cabeza que hasta olvido por momentos cuánto me duele la tripa. Me gustaría estallar en mil pedazos que lo dejaran todo sucio, y contemplarlo desde el infinito como unos fuegos artificiales invertidos.
Tú estarías durmiendo, como casi siempre. Y el estallido sería tan fuerte que tendrías que despertarte, y quizá no podrías dormir en varios días. Pero a mí ya no me dolería nada. Ni siquiera tu forma de dormir.
Me equivoco cuando te odio, y cuando trato de remediarlo, queriéndote. Me equivoco cada vez que hablo pero tú lo haces cada vez que te callas. Y el problema no es que te equivoques, el problema es que te quiero.
Y el problema no es que te odie. El problema es que me quieres. Y lo peor, es que la solución a todos los problemas está en que te quiero, y en que me quieres. Y como diría Kutxi, sobra todo lo que viene después.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Islas a la deriva

¿Sabes qué? Te voy a dedicar unas palabras, quiero conseguir que comprendas algo.
Seguro que tienes una pasión secreta, una de esas cosas a las que dedicarías toda tu vida si pudieras, o que piensas dejar algo de lado hasta que tengas tiempo, en lo que imaginas pasar los veranos antes de que lleguen. No es cosa tuya, todos tenemos una, lo que somos cuando nadie nos mira y nadie nos juzga. No a todos nos golpea una de esas muy fuerte, a veces solo nos acaricia, como si fuera aire, y ni siquiera nos damos cuenta de que pasó de verdad. Pues bien, en estas frases y párrafos para ti te contaré quién soy en esa parte del tiempo en la que sí me miran, pero cuando aquellos que juzgan son desconocidos. En los momentos en que todos nos convertimos en uno más de esos hombres trajeados con maletas y corbatas. Te contaré quién soy entonces, porque ahora puedo verme de lejos, ahora no estoy siendo esa. Esa grita desde el sótano como puede, con las manos atadas al suelo.
Camino hacia el metro con la radio en los cascos, abro la puerta de un empujón y bajo las escaleras mecánicas parada mientras giro la mochila hacia mi pecho para sacar el abono, lo sujeto con los dientes, cierro la cremallera y comienzo a bajar los últimos escalones al tiempo que me coloco la mochila. Ni siquiera lo pienso, lo he hecho tantas veces que cuando llego a los tornos en ocasiones ni siquiera sé cómo he llegado hasta allí. Y así continúa mi trayecto, apago la radio que ya solo emite un sonido de interferencias y pongo música. La misma música que hace un año, desde que no tengo ordenador. El mismo camino. No pienso, no miro, solo bajo escaleras, subo en un vagón, espero, subo escaleras, otro vagón, escaleras, vagón... y camino recto hasta que recupero la conciencia porque tengo que tomar alguna decisión.
A veces, sin embargo, me agota esa existencia y reseteo. Me paso a ser otra persona, la que teclea ahora estas palabras. Cojo un libro. Va en la mochila y cambia el sitio de mi abono, el orden de las canciones, mi viaje. Mi día, mi semana, y si tengo suerte cambia mi vida. Cuando camino en la estación sigue siendo por una orden automática para mis piernas pero mi cabeza no está ahí dejándose llevar, está en otro lugar, en algún otro tiempo, siendo cualquier otra cosa. Y entonces siento que cada uno de esos autómatas que comparten tantas horas en vagones deshumanizados son algo más, podrían ser algo más. Podría algún día yo, pequeña y cobarde, darles la oportunidad de ser palabras. Darles quizá una vida inventada como la que me dan a mi John Fante, Fitzgerald, Baroja o cualquier mago de aquellos. Y pienso que quizá sí, y quizá la vida pueda ser algo más, porque por obvio que parezca, no siempre se ve tan claro. En demasiadas ocasiones el martes continuo en que se convierte el invierno de Madrid me hace olvidar que hay pasión dentro de mi, que hay algo por lo que vivir de verdad. Por lo que ser con todas tus fuerzas, algo muy lejos de las caras grises del día a día en el transporte público, las habitaciones de invitados, la teoría política, y el frío.
Juraría que era Daisy quien, en el Gran Gatsby le decía a su primo "No te angusties, la vida vuelve a empezar con el otoño" y yo pensé que Daisy no sabía nada. Me la imaginé con voz peculiar diciendo esas palabras como si realmente su vida comenzara y la odié por la envidia durante muchas páginas. Porque para mí, era entonces cuando la vida se apagaba. Cuando la gente se acumula de vuelta al mundo de las personas que no son, llenando su existencia de caminos que no quieren hacer, comidas que no desean tener y horas muertas (nunca mejor dicho) vacías de ganas. Gente que vive para trabajar, y esto último lo hace para vivir apenas unas semanas al año. Lo de ser adulto fue la mayor estafa que les pudieron vender y se han convertido en esa persona más, en una conversación simple de objetivos siempre similares.
Pero no quiero dedicarte un pensamiento tan negativo cuando tanta vida se encuentra alrededor. Sé que todas las personas han tenido momentos de verdadera pasión, y quizá han perdido la valentía y el compromiso de vivir por ellos. Pero tú no eres así. Tú serás una de esas personas que caminan por ahí como si cayeran de otro planeta, disfrutando de cada detalle, renanciendo con el otoño. Con las ventanas abiertas y tus sueños bien atrapados, pavimentando tus martes. Y yo, lector desinteresado, ingresaré también en ese grupo. Envidiaros es un trabajo agotador y he decidido liderar la fila. Yo me he dado cuenta a tiempo de que dentro de diez años no quedará nada de mi paseo hacia el metro, no importará lo bien que lo hiciera.
Y aquí llega por fin lo que debes entender. Lo que hace que me siente y teclee como si respirase. Solo importará lo que vi y pensé, no lo que hice sin razonar ni sentir. Importará lo que leí, y lo que escribí, porque será aquello que de verdad viví.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Volver a reírme de aquel final en el que el bueno acaba mal.

Unos trece años más tarde vuelvo a estar en el asiento de atrás de un coche, escuchando las mismas canciones. La diferencia es que ahora entra por la ventanilla el aire de finales de agosto con tal fuerza que apenas puedo mantener los ojos abiertos. Con la frente asomando del coche , le doy vía libre al aire para dirigir mi pelo. Trato de imaginar qué estarán haciendo las personas que solían compartir aquella música cada fin de semana, las tres niñas que se sentaban en un viejo Lancia rojo. Tenían un disco grabado de El viaje de Copperpot pero en casa solo había reproductores de cassettes, así que ahí estaban, escuchando el cd en el coche. Las hermanas se sentaban delante los días que aún no habían peleado y soportaban la presencia de la otra. Esos eran los mejores, yo no tenía que decidir de qué lado estaría, y hacíamos un equipo casi imparable. Las tres y Dana, la perra de mis amigas, que no se separaba dos metros del coche cuando nos encerrábamos allí, agotando la batería con el coche parado y la música alta. 
Ahora, con los ojos cerrados y las canciones mezcladas con el viento que me azota los oídos me cuesta separar el recuerdo de la realidad. Las veo a las tres, desde fuera del coche, aunque yo estaba dentro con la cabeza apoyada entre los dos asientos delanteros. Nos recuerdo cantando durante horas las mismas canciones, y no me extraña que las letras permanezcan en mi memoria. Me cuesta también imaginar dónde estará esa niña que vociferaba desde atrás en sus canciones preferidas. Con ella también perdí contacto, supongo.
El coche olía a cuero viejo y a tabaco, un olor que odiaba, pero ahora casi lo extraño. Recuerdo también que la última canción del disco tenía unos ocho minutos de silencio hasta que empezaba una última canción oculta llamada Tic tac. Parece pensada a propósito para encajar en este preciso momento. No esperes más a las agujas del reloj, que a ellas no les importáis tú ni nadie.
Una de las etapas más largas de mi vida repartida en fines de semana, saliendo al campo en plena nevada a jurar sobre la roca con más aspecto de mágica que encontrábamos, que nuestra curiosa amistad duraría eternamente, inventando canciones y grabándolas porque algún día nos haríamos terriblemente famosas... Tic tac. Ya casi ha terminado mi pequeño viaje en coche rescatando música vieja, y todo lo que he podido hacer es imaginar qué ha sido de todo aquello, a dónde va la relación cuando ya no está. Alguna piedra helada en Segovia debe estar totalmente decepcionada con nuestro juramento, y algún cassette de las jóvenes promesas del rock Contraseña de alboroto estará ahogado en polvo, como su local de ensayo. Tic tac.
En mi cabeza hemos vuelto, que lo sepáis. Estábamos ahí, cantando, utilizando el aspersor como alternativa a la piscina, montando una peluquería, una panadería, una nave secreta de super héroe, un reino entero para hormigas hecho de arena... Estábamos ahí, en un pequeño viaje que está acabando. Ya no será para mí El viaje de Copperpot, sino el nuestro. Para mí, al menos. Cuidaros, hasta que nos pasemos de nuevo por el recuerdo.

Y ahora mismo están durmiendo en su cajón cada beso, cada flor, cada canción...

miércoles, 23 de enero de 2013

Quién.

La vida del ciudadano medio. Ese personaje que no protagonizaría ni una novela porque nadie quiere leer acerca de esa misma vida simple que ya puede contemplar en primera persona.
Cada día se despierta con un plan, una lista de objetivos que pretende conseguir para ser feliz. De hecho es ese el verdadero objetivo, pero parece más sencillo alcanzarlo en pequeños pasos. Es como si hubiera hipotecado sus sueños en construcción y cada día pagara una letra.
Cuando quiera darse cuenta de la trampa se le habrá escapado la juventud y por delante no verá sueños, pero por detrás el horizonte lo taparán sus días perdidos, empeñados para conseguir nada.
¿Cómo pasa uno a dejar de sumar cifras a la cantidad de ciudadanos medios, cómo se puede vivir sin intentar ser feliz? Vivir, sin más, ya debe ser bastante recompensa.

A veces creo que solo somos ese conjunto de cosas que queremos ser.