sábado, 23 de octubre de 2010

Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad, si lo hiciera dejaría de ser artista

No creo que deba retener todos los borradores sin publicar que hay en este blog, en mi cabeza, y todas esas cosas que no quedan en ningún sitio y termino por olvidar. No está bien, porque ahora han dejado de tener sentido. Acabo de encontrar un par de apuntes de los que soy incapaz de recordar lo que pensaba, y no es justo, porque son únicos. Y ahora, inválidos.
Este no es necesario para nadie, pero quiero que en mi vida nada me importe sobre quién o qué va a leer lo que escribo. Al menos, no cuando lo haga por placer, porque empieza a ser enfermizo. Me veo a mí misma midiendo de vez en cuando mis palabras en el diario, por si alguien algún día lo encuentra. Y en realidad, me da igual. Si alguien va a encontrarse con mis pensamientos, que los encuentre de verdad, debería, como poco, ser sincera conmigo misma.
Y bien, este es mi comentario-reflexión sobre lo que sé. Útil o no, he visto un documental increíble, sobre todo porque lo emitían en "la dos" (y no había criaturas marinas o depredadores en el desierto, guau) Un grupo de autistas y discapacitados mentales salen de sí mismos en la medida que pueden pintando, construyendo... creando arte en la descripción más perfecta de arte, la de Oscar Wilde: toda forma de arte es verdaderamente inútil. (Sí, esto es arte)
Uno de ellos tenía un rotulador con el que había hecho un garabato encima de otro tantas veces que se había dejado de ver el garabato para pasar a ser una gran mancha. Aun así, seguía pintando sobre ella, con delicadeza. Por supuesto, no se veía nada de lo que pintaba, pero a él le servía, de manera que su arte era en realidad, para él. Puede que pintando saliera de sí mismo, porque los demás podían ver qué pasaba por su cabeza o cómo lo hacía, pero en realidad, salía de sí mismo para seguir siendo a quien servía.
Me parece increíble, y puede que me lo tome como ejemplo. Pintaba, y los demás le entendían mirándolo, pero no pintaba para que le entendieran. Si es lo que buscara, no pintaría con negro sobre una mancha negra figuras que sólo él conoce mientras las pinta. Quizá cuando vuelva a ver su cuadro un surco más fuerte le recuerde qué era, mientras que los demás no verán nada. Todo ese arte es para él.
Todo este, para mí. Me da igual que nadie en el mundo crea que es arte, no me importa. Sé que no soy pretenciosa y no necesito una buena crítica de lo que escribo (de esto, quiero decir. En cuanto a todo lo demás.. es lógico, no?)

No creo que sea necesario nadie. Sin embargo, es frutstrante que esto no pueda aplicarlo a todos los aspectos de mis relaciones. No es justo, pero últimamente me veo a mí misma regando relaciones sin ningún sentido, y odio ser la única. Me hace sentir pequeñita, pero... Ni importa. He borrado todo lo que dije, y ahora, viéndome ante el teclado, creo que puedo llegar a sonreír con suficiente peso sobre el suelo. Con suficiente suficiencia.
Puede que no sea verdad y acabe temblando, puede que no tenga de qué sentirme orgullosa, pero hoy me siento artista, y no necesito para nada la realidad. Es una maravilla, mi mundo. Todos ellos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Hoy

Vale, vale, vale! Lo he pillado. Lo que pasa es que nos convencen de que no se puede tener todo, y en realidad no es verdad. Y así pasa, que me hacen creer que no sé para dónde tirar por indecisa, y qué va. Yo voy a todos lados.
Martes, un martes cualquiera, y un miércoles como cualquier otro, con sus clases y su frío. Pero este Martes lo he pasado en estado alterado de conciencia, y este Miércoles llegué a casa a las cuatro de la mañana.
Y sí, he ido a clase, y ha sido a la vez un día estupendo y diferente, y un día más. Y sí, me gusta poner los nombres de los días con mayúscula. Qué le voy a hacer, conoces una Miércoles y empiezas a respetar los demás días, porque.... Todos pueden ser uno más. Y mira, lo bonito de la rutina es que hace especiales días que son uno más, por el hecho de no serlo del todo.
ODIO los extremos, odio las noticias de la Sexta que tienen un sentido de la objetividad muy extraño, pero como odiar es un extremo, a su favor diré que me gustan los adjetivos que utilizan. Cuando alguien es objetivo no puede usar esos adjetivos, algo bueno hay.
Y no me gusta hablar de política, porque siempre me encuentro con un extremista. Esto está lleno, y no deja de ser un país de pandereta en el que Belén Esteban es alguien.
Lo bueno, lo realmente bueno, es que es un pensamiento de un día más, pero un día genial. Me desvío, desvarío y me pierdo por los ejemplos de Úbeda.

No es adorable que no me centre? Yo me parezco adorable.

lunes, 4 de octubre de 2010

Me dicen que no

O que sí. Que no lo sé, que no tengo nada que decir hasta que no aclare mis ideas, y por tanto nadie que me escuche. Porque es verdad, esquivo a la gente que me quiere escuchar, creo que hasta me pone nerviosa tener amigos.
Y me pregunto.. WTF?! Ah... aaaaamigo, es lo que hay. Creo que es culpa de mi recuerdo reprimido.
No, en realidad no es culpa suya, pobrecito. Pero a alguien hay que echárselas, y aunque parezca mentira, últimamente los capullos me escasean. Así que es lo más parecido que hay.

QUE NO! Que no es por eso, que no es eso. Que es por el estrés, seguro. O quizá es la edad, como dice mi abuela. O... no sé, me duele la cabeza.

Sí, seguro que es la edad. Y el mundo, que ahora resulta que no tiene pasado ni futuro y vivimos en un eterno presente. Y se ve que las instituciones son prescidibles y el lenguaje esconde sobre todo falsedad. Creo que la filosofía me abre las puertas a un mundo que apesta.
Si ser ignorante es no conocer ese mundo, lo prefiero. O no. No, porque entonces volvería a no tener nada en lo que pensar, y juro que es para tirarse de los pelos.

Yo escribía coherentemente, lo juro.

domingo, 3 de octubre de 2010

The party is over.

You must really love her, you think I don't know but I do, yeah it's true. I think over is over.
I'm right back where I started, when it comes to wanting you. I can't have what I wanted.
But I did, I can, I was, I am only human, living, dying, just like any fool who ever breathed. If love is blind, if love's a drug it always is, it always was and... Love was surely made for fools like me.

No me gustan los secretos. No se me dan bien, soy malísima guardando secretos cuando son sobre mí. No soy capaz, tengo la necesidad de que la gente sepa lo que pasa por mi vida, y no me gusta. En realidad, odio que lo sepan, pero siempre hay algo que me impulsa a contarlo. No todo, claro, pero cuando me piden que algo sea secreto... Parece que haya un letrero luminoso en mi mente ROGANDO que lo cuente. Debería callarme más a menudo, debería saber qué he voy a hacer mal desde antes de abrir la boca. Y no es que ya haya metido la pata, es que me veo 90 veces al día a punto de hacerlo.
Y lo peor, lo realmente malo, es que dos de cada tres veces que hablo no le interesa a nadie.
Así que voy a dejar todo esto, al menos mi diario nunca ha sido exigente.


Eh, que aquí, aunque sea como soy, tengo una columna PARA MÍ en un periódico que no es sólo de un pueblo ni de dos. Un periódico requetechulo con sabías que. En los relojes de los anuncios, por cierto, casi siempre marcan las diez y diez.


DSBFADSPFHSD`FDISJFJKDS Me pondría nerviosa vivir en mi cabeza. ¿A ti no? EH! pues sí. De hecho, estoy al borde del ataque.

QUE PUÑETERO CAOS

sábado, 2 de octubre de 2010

seráposible!

No sé si soy objetiva, pero creo que serlo es una soberana mierda. La gente es mala y yo no me lo quiero creer. No son malos conmigo, pero son malos, y no sé cómo encaja todo eso con el hecho de que sean mis amigos. No quiero creerlo, porque en tal caso yo habré sido también en algún momento una de sus marionetas.
¿Soy yo también así?
Puede que el mundo desde mi perspectiva no sea el de verdad, pero en él, tengo amigos que son pedacitos de pan, y es un mundo mucho mejor. Espero, sinceramente, que no tenga que haber un mundo desde mi perspectiva y otro real. Espero que se fundan y pueda ser, como quiero, objetiva.
Y no me pienso conformar con ver el mundo malo, o tal como es. Va a tener que cambiar él para adaptarse a como yo lo veo.
Sólo faltaba..!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Fatal.

De la cabeza, en serio. Mi serie favorita me hace llorar.
NUNCA me ha gustado hacerlo, nunca lo hago, no es algo natural en mí. En cuanto algo malo ocurre me imagino a mí misma llorando, pero no es algo que ocurra. Sin embargo, es algo que adoro de mi serie favorita. Termino pensando que hay demasiadas cosas que pueden ir mal en la vida. Y sin embargo, por algún extraño motivo, me da calma. Me siento tranquila, completamente despreocupada, sin ningún interés en darle vueltas a todas esas cosas que se pasean por mi vida. Creo que es porque no es sólo todo lo que puede ir mal, sino todo lo que se puede conseguir, por difícil que sea. Todo aquello que pasa, que podrá seguir pasando y que alguien, una de esas maravillosas personas que se esconden entre las personas simples, hará que pase cuando el mundo menos se lo espere. Muchos motivos que hacen que, después de cada capítulo, simplemente, quiero pensar, pero me veo sin nada en lo que pensar. Así que quiero algo, pero no sé el que, y me siento triste, a la vez que calmada e incluso optimista, sin saber cómo he combinado todas esas cosas. Así que, a falta de una utilidad para cómo me siento, sencillamente quiero más, un capítulo más, una canción, recuerdo o momento. Más de eso que me hace sentir como me siento ahora mismo, a las cuatro menos diez de la madrugada, completamente sola en casa, después de un capítulo que llevo algo más de un mes esperando.

Quiero, algún día, saber que he vivido lo suficiente como para que algún pedazo de mi vida pueda hacer sentir a alguien como yo me siento ahora mismo. No es que quiera desgracias, accidentes, magnicidios o cánceres en mi vida, nada que ver. Quiero valor, y fuerza, y reflexión. Que algo que ocurra sea tan importante, aunque no se aprecie, que pueda cambiar mi rumbo. Y no sé si tengo que hacer que ocurra o vendrá solo, pero tengo la esperanza de que algún día, un sólo momento de mi vida, encaje en un guión tan... genial. No necesito una vida entera, la aborrecería. Quiero un momento, como esos que ya recuerdo antes de dormir, pero amplificado.

Ahora creo que tengo que esperar, y eso forma parte de lo que vendrá después, es parte de mi sistema de sonido que hará que cuando mi vida suene, lo haga a lo grande. Esperar, a que las cosas no me sucedan simplemente a mí, sino que sucedan para mí. Para que algo más ocurra.


Y me gusta todo esto, aunque me haga pensar que algo falle en mi cabeza. Me gusta cuando 40 minutos de una serie me dan la emoción de toda una semana. Al menos, de momento.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Quién va a aguantarme con este monoooo...

Dicen que los recuerdos que permanecen en la memoria con más intensidad y nitidez son los que originan los olores. De repente, sin que lo puedas evitar, un olor te puede llevar a cualquier lugar, a cualquier momento de tu vida.
Recuerdo que de pequeña, cuando algún sitio el aire era más aire que en Madrid, decía que olía como mi pueblo, y cuando huelo chimeneas y humedad no puedo evitar recordar la cueva, el mejor lugar que hubo en Villarejo durante un periodo, a mi parecer, demasiado corto. Ese olor de sillones viejos y lavados de mala manera (en los que, por lo visto, los gatos acampaban antiguamente) mezclado con el olor de una estufa vieja, con una salida al tejado demasiado rudimentaria, que solía quemar los reposaderos de los sillones. Hay tanto que recordar de aquel sitio...
Pero hablaba de los olores, y el increíble poder que tienen. Mi madre usaba una colonia cuando yo era pequeña y por la noche, cuando no podía dormir, me dejaba alguna de sus camisetas. Pasaban cinco minutos y caía rendida, como si algún extraño poder actuara desde la camiseta. Alguna vez me he cruzado con alguien que usaba esa colonia, y la sensación de paz era maravillosa.
Mi profesora de música, a la que odiaba, utilizaba una colonia que olía como la arcilla que queda en los dedos horas después de haberla moldeado. La casa de mi abuela huele a suavizante de ropa, y a café. Mi habitación siempre olió a madera nueva. Ese sí que era un olor genial.
Pero no todos son buenos, ya que no todos los recuerdos lo son, pero a mí, sea como sea, siempre me gusta recordar. Siempre... cuando lo hago por voluntad propia.
Hoy, sentada en Literatura Universal, viendo como Paris retaba a Melenao por el amor de Helena de Esparta, un olor me ha abofeteado. Ha chocado contra mí de la manera más horrible. Y sin embargo, es un olor tan dulce, tan suave. Como tocar el cielo, o más bien, como sentir que te acercaste a él, pero chocaste drásticamente contra el suelo. Es confuso, no está claro. Pero me he acercado para poder seguir recordando.

No creo que se puedan catalogar ciertas cosas en buenas o malas. Podría decir que lo verdaderamente malo ha sido recordar sin esperarmelo. Necesito preparación psicológica.


Sí, ya sé. Esto es un caos.